Seda
La seda aporta el brillo, los nudos más finos y la mayor resolución de detalle al anudado de alfombras. Es noble y delicada al mismo tiempo. Esta página separa la seda auténtica de sus dos imitados más frecuentes y muestra cuándo merece la pena su uso.
#Seda de morera y seda salvaje
La seda de morera nace del capullo de la oruga del gusano de la morera (Bombyx mori). Antes de transformarse en crisálida, la oruga se envuelve en un solo hilo que puede llegar a medir hasta 1.500 metros. En la seda de morera, los capullos se escaldan antes de que salga la mariposa y el hilo se devana en toda su longitud. Así se obtiene el hilo más fino y uniforme que conoce la naturaleza. La seda salvaje, llamada a menudo seda tussah, procede de orugas de otras especies que no pueden criarse en cultivo puro. La mariposa sale, el capullo se rompe y el hilo se parte en tramos más cortos. Por eso la seda tussah es más gruesa, menos brillante y algo más resistente que la seda de morera. Ambas se consideran seda auténtica. Los centros históricos de obtención de seda en el contexto de la alfombra oriental se encuentran en la provincia iraní de Gilán, en la región turca de Bursa y en Cachemira. Estas regiones siguen aportando hoy la seda en bruto para alfombras anudadas de calidad de Hereke, Ghom e Isfahan.
#Seda de bambú, viscosa y la imitación
Quien vea en una tienda de muebles una "alfombra de seda" a una fracción del precio de una seda auténtica está casi siempre ante seda de bambú o viscosa. La denominación seda de bambú es un término de marketing. Se trata de viscosa, es decir, un hilo semisintético de celulosa. En la seda de bambú la celulosa procede del tallo del bambú; en la viscosa clásica, de la madera o del algodón. Visualmente, el imitado se acerca a la seda auténtica. Brilla, resulta fresco al tacto y absorbe bien el color. En su comportamiento, sin embargo, se diferencia con claridad. La seda de bambú se aplasta de forma permanente bajo las patas de los muebles, se arruga visiblemente, no soporta la humedad y pierde brillo con el tiempo. Mientras que una alfombra de seda auténtica conserva valor de coleccionismo después de generaciones, una alfombra de seda de bambú se sustituye al cabo de pocos años. Regla básica al comprar: en una alfombra de seda auténtica los nudos se distinguen uno a uno por el reverso, el dibujo se ve allí casi tan claro como en el anverso, y el precio rara vez es inferior a varios miles de euros por metro cuadrado en una pieza fina. Si algo de esto no se cumple, no es seda auténtica.
#Propiedades y el brillo característico
La seda es la fibra textil natural más fina. Un hilo de seda es unas treinta veces más fino que un hilo de lana, lo que permite densidades de un millón de nudos por metro cuadrado o más. Así surgen los dibujos filigranados con la mayor resolución de detalle por la que son conocidas las alfombras de Hereke y Ghom. El brillo característico tiene una razón física. El hilo de seda tiene una sección triangular y refracta la luz como un prisma. Según el ángulo de visión, una alfombra de seda parece más clara o más oscura. Esta propiedad se llama, en jerga técnica, tornasol y convierte cada paso alrededor de la alfombra en un pequeño cambio en la imagen. Lo que la seda no hace bien: soportar cargas pesadas. Las patas de los muebles dejan marcas permanentes. Las manchas de agua casi no pueden eliminarse. Y aunque la fibra es resistente a la rotura, se desgasta antes que la lana en las zonas de paso.
#Dónde encajan las alfombras de seda
La seda no es adecuada para cualquier estancia. Necesita un entorno que realce su brillo y respete su delicadeza. En el recibidor o zona de representación, en una galería o como cuadro de pared es donde mejor luce. También el dormitorio con poco tránsito le viene bien. Las piezas muy finas de Hereke y Ghom son a menudo objetos de coleccionismo o inversión con procedencia documentada. Se pisan menos y se giran con más frecuencia que las alfombras de lana, porque envejecen rápido con un trato inadecuado. Una solución intermedia y pragmática son las mezclas de lana y seda. Aquí la lana soporta la carga, mientras la seda hace brillar elementos concretos del dibujo. Estas mezclas son aptas para el día a día en el salón y conservan la alternancia característica entre superficies mate y brillantes.
#Cuidado sin remordimientos
La seda no tolera la limpieza en húmedo. El agua deja cercos que ya no desaparecen. Aspire solo con una boquilla suave y a la potencia más baja, nunca con cepillo ni a plena potencia de succión. Las manchas se retiran con cuidado con un paño seco y suave. En caso de duda, llame a un especialista antes de dañar la fibra de forma irreversible. Tres reglas más. Primera: no coloque muebles pesados directamente sobre una alfombra de seda. Segunda: gírela con más frecuencia que una alfombra de lana, porque la luz solar envejece la seda de forma desigual. Tercera: la limpieza profesional se realiza solo en seco o con disolventes especiales y debe quedar en manos especializadas, por ejemplo en una limpieza especializada en alfombras orientales.
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