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Colores y tintado

Antes de anudar una alfombra hay que teñir la lana. Qué tintes se utilizan, vegetales o sintéticos, define toda la apariencia y la evolución de valor de la alfombra. Esta página muestra los tintes naturales más importantes, sus fuentes y las huellas que dejan en la alfombra.

#Tintes vegetales frente a tintes sintéticos

Hasta finales del siglo XIX se tiñó casi exclusivamente con tintes vegetales. En 1856 el químico inglés William Henry Perkin inventó el primer tinte sintético y, en las décadas siguientes, los colorantes de anilina y, después, de cromo desplazaron casi por completo a los tintes naturales.

Manufacturas contemporáneas de alta calidad, sobre todo en el movimiento de recuperación de los años ochenta (palabras clave: DOBAG en Turquía, renacimiento Gabbeh en Irán), volvieron al tinte vegetal.

Ambos procedimientos tienen sus rasgos. Los tintes vegetales son más vivos en el tono, porque nunca salen del todo uniformes. Los sintéticos son más reproducibles y claramente más baratos, pero a menudo resultan más planos y envejecen peor.

#Rubia: el rojo cálido

Foto: Wikimedia Commons

La rubia es la raíz de la planta tintórea Rubia tinctorum, originaria del Mediterráneo y de Asia Occidental. De las raíces secas y molidas se obtiene desde hace más de dos mil años un rojo profundo y cálido.

Según el contenido mineral del agua usada, el mordiente (a menudo alumbre) y la duración del tintado, el resultado va del rosa pálido al coral y al rojo ladrillo, hasta el burdeos profundo.

La rubia es extraordinariamente resistente a la luz y al lavado y envejece de forma especialmente bella: con las décadas, el rojo se oscurece ligeramente y gana una profundidad característica que los rojos sintéticos no alcanzan. La mayoría de las alfombras persas antiguas tienen su fondo rojo teñido con rubia.

#Índigo: el azul profundo

Foto: Wikimedia Commons

El índigo es el tinte de la planta Indigofera tinctoria, cultivada desde hace milenios en India, Persia y Egipto. Teñir con índigo es un proceso laborioso: la planta se fermenta, el caldo amarillento resultante absorbe la lana y solo por oxidación al aire se desarrolla el azul característico.

La lana debe sumergirse varias veces en el caldo; cada inmersión profundiza el color un grado. Así surge la famosa escala del índigo, que va del azul claro y polvoriento hasta un azul nocturno casi negro.

El índigo es tan resistente a la luz y al lavado como la rubia y envejece igualmente con dignidad. Un tinte de índigo auténtico se delata por la variación irregular, casi viva, del azul, que cambia según la incidencia de la luz.

#Nuez, reseda, agallas de roble

Junto a la rubia y al índigo, los tintoreros clásicos trabajan con toda una serie de plantas más.

Las cáscaras de nuez dan tonos cálidos de marrón, del beige claro al caoba, según la concentración. La reseda (gualda, Reseda luteola) aporta un amarillo luminoso y resistente a la luz, que con frecuencia define el fondo de las alfombras caucásicas. Las agallas de roble, formadas por las picaduras de avispas en los robles, proporcionan negros y grises profundos.

Las cáscaras de granada dan amarillos y verdes oliva. La cochinilla (un insecto procedente de México, más raro en la alfombra oriental) aporta un rojo limpio y frío, que se distingue bien de la rubia.

De estos colores básicos surgen, por mezcla y superposición de tintes, los cientos de matices de una alfombra clásica teñida con tintes naturales.

#Abrash: la variación viva

Abrash es el término técnico para las desviaciones visibles de color en una superficie supuestamente del mismo tono de una alfombra. La palabra viene del árabe y significa aproximadamente "moteado".

Aparece porque un lote de lana nunca es del todo homogéneo antes de teñirse y porque distintos baños de tinte no salen idénticos al cien por cien. Cuando el anudador cambia, en mitad de la alfombra, a un nuevo cabo de lana de un lote algo distinto, se ve una transición suave, a menudo horizontal, en el tono.

En las alfombras tribales anudadas a mano, el abrash está casi siempre presente; en las finas alfombras de manufactura se evita conscientemente, aunque en piezas teñidas con tintes naturales nunca se descarta del todo. A diferencia de las alfombras industriales, totalmente uniformes a la vista, hoy el abrash se considera un rasgo de autenticidad y calidad: prueba que hay trabajo manual y tintado natural.

Quien compra una alfombra con abrash vivo compra una alfombra que respira.

#Lo que se lee en el color

Tres pruebas sencillas separan un tinte vegetal auténtico de uno sintético.

Primera: mire la alfombra desde distintos ángulos. Los tintes naturales cambian sutilmente con la incidencia de la luz, los sintéticos permanecen rígidos.

Segunda: busque abrash, es decir, ligeras variaciones en superficies aparentemente monocromas. En una alfombra tribal sin abrash, debería desconfiar.

Tercera: compare el anverso y el reverso. En un buen tinte natural el color de la lana está teñido hasta el interior; en los tintes sintéticos baratos solo la superficie está teñida y el núcleo de la fibra se ve claramente más claro.

Lo que no necesariamente necesita: una prueba con agua. Los tintes naturales auténticos pueden destiñer ligeramente con un roce fuerte, sobre todo la rubia y el índigo. No es un defecto, sino una señal de autenticidad.

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